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Rúbricas. La evaluación en una educación para el siglo XXI.

enero 1, 2014

Durante el mes de diciembre he tenido el privilegio de liderar temporalmente el timón del #NMOOC de El Barco del Exilio en la red social Proyéctate, que ha tenido como tema principal la evaluación en el aprendizaje basado en proyectos, bajo el título “Visitas al archipiélago de la evaluación“. Me gustaría compartir con todos vosotros desde este blog, algunos de los materiales propuestos y analizados en el #NMOOC con el resto de los compañeros.

Muchos docentes todavía perciben la incorporación de las competencias básicas al currículo con la LOE como algo “incrustado” artificialmente, que viene a aportar poco nuevo. ¡Esto es lo que hacíamos antes, procedimientos, actitudes, con otro nombre!, en el mejor de los casos, o ¡vaya cantidad de papeles que tenemos que rellenar ahora con esto de las competencias! son algunas de las frases con las que se finiquita el trabajo de las competencias en algunos sectores de los claustros.

No demasiados docentes reparan o quieren reparar, quizá, en que la integración de las competencias básicas en el currículo y en la planificación docente concreta un nuevo perfil de alumnado al que se le debería otorgar el certificado de Secundaria. Por otra parte, el consenso sobre lo que un alumno debería lograr al finalizar la etapa de la ESO no parece ser la norma común en algunos de nuestros centros. Profesores que plantean la enseñanza obligatoria como una etapa previa al Bachillerato -fin último y sagrado de las enseñanzas medias-, otros que empatizan en exceso con el alumnado con problemas de aprendizaje o situaciones de desfavorecimiento social, cuestionando calificaciones de otros compañeros… En confianza os digo que si algunas Juntas de Evaluación pudiésemos compararlas con un quirófano, yo no me operaría en ellas jamás. A veces, tengo la impresión de que la comunidad docente estudia un paciente en cuyo diagnóstico coincide, pero no lo suficiente en el tratamiento que debe administrarle. Han pasado ya veinte años de la LOGSE y todavía hay aspectos en la definición de la Enseñanza Secundaria Obligatoria que no han sido digeridos por el profesorado.

En mi opinión, la integración curricular de las competencias básicas focaliza la finalidad de la enseñanza obligatoria no solo en la asimilación de contenidos propios de las diferentes disciplinas, sino en la formación de un alumnado en el que predomina el desarrollo equilibrado de sus destrezas, su capacidad de resolver tareas complejas, de convivir en el contexto social como ciudadanos del siglo XXI y de llegar a ser productivos en el mismo. Los procedimientos de evaluación e instrumentos de calificación que predominan en muchos departamentos didácticos todavía no están planificados para evaluar el logro de las competencias básicas por parte de este perfil de alumnado.

En la siguiente presentación os propongo un acercamiento al primer paso de la evaluación competencial. Definir indicadores de evaluación que consigan vincular los objetivos y criterios de evaluación con las competencias básicas. ¿Qué queremos de nuestros alumnos cuando acaban la ESO? ¿Cómo evaluarlo de manera coherente con un planteamiento competencial del currículo?

Os presento mi invitación para un viaje de no retorno hacia el archipiélago de la evaluación por competencias. Perdido en el mar de un imperio de una evaluación que todavía persiste en la dictadura del examen y el carácter consultivo de los “trabajos”, de los “positivos” y los “negativos”.

En una segunda etapa de esta viaje, os quería proponer un desembarco en la isla de las rúbricas, un paraje todavía no demasiado explorado en el que os intento presentar una manera equilibrada, ponderada y completa de evaluar las competencias básicas alcanzadas por el alumnado. Para ello, usaremos las rúbricas, unas matrices de evaluación que sirven para concretar y medir el logro de los criterios de evaluación del currículo y su relación con las competencias básicas en las diferentes tareas y proyectos que realizamos con nuestro alumnado a lo largo del curso. La mayoría de los docentes creen que evalúan suficientemente las competencias básicas a partir de las actividades (mecánicas del libro de texto) que realizan en clase, trabajos (que escasamente sirven para reflexionar o aplicar conocimientos sobre situaciones problemáticas) o a través de tareas de carácter procedimental o actitudinal. Pero, con frecuencia, para evaluarlas seguimos usando instrumentos y procedimientos de calificación en los que predominan la asimilación de contenidos a través de exámenes y de actividades poco creativas. El resultado, es que entre un 70 y un 80% de los criterios de calificación que empleamos se centran en la “competencia en aprender a memorizar” y entre un 20 y un 30% en la “competencia en repetir lo aprendido en clase en las actividades”. Me gustaría compartir con vosotros la siguiente presentación, que trata de ilustrar para qué sirven las rúbricas y cuáles son sus ventajas con respecto a otros modelos de evaluación.

Además, me gustaría recomendar un artículo publicado hace unos meses en Kubyx, el blog del CEDEC, que presenta de manera más pormenorizada el uso de las rúbricas en nuestra práctica docente. Para aquellos que queráis tomar contacto con rúbricas y materiales de evaluación que son consecuentes con las ideas proporcionadas anteriormente, os invito a explorar un panel digital creado en Scoop.it en el que podéis consultar un amplio repertorio de rúbricas adaptadas a diversos proyectos y tareas de aprendizaje. Pinchando sobre la imagen, accederéis a él.

Quiero agradecer a todos los compañeros que han seguido y participado esta interesante experiencia en un mes tan ajetreado como diciembre, tanto a través de Proyéctate como en los debates, al respecto, de Facebook y Linkedin. Me causaron una profunda inspiración comentarios como los de Marisa Elena Conde (@marisacon), presentaciones como la de Isabel Barcón Soto y por supuesto, el magnífico post de Joaquín J. Martínez (@joaquineku) titulado “Evaluación coherente: ¿sabemos resolver nuestros problemas” en su blog. Os dejo con algunos fragmentos de sus reflexiones:

Hipoteticé que el curso con sus estudiantes sería un barco en el océano que debía llegar después de una determinada travesía a puerto. La metáfora sería que todos tendrían que “salvarse” para lo cual cada estudiante más aventajado en una disciplina tomara a su cargo a un compañero de curso que justamente no tuviera  habilidades para ese contenido en particular, de forma tal que entre los dos lograran llegar a “fin de año” aprobándola. Es sabido que el estudiante que es apoyado por su entorno tiene mejor desempeño por lo que se mejorarían a la vez las relaciones interpersonales. No siempre ese estudiante tendría a su cargo el mismo estudiante para todas las asignaturas, sino que esto dependería de las “habilidades múltiples” que tengan los chicos. Quizás el que en un espacio curricular funciona como tutor en otro podría ser tutoreado por otro. Básicamente es que todos logren promocionar, “llegar a puerto” entendiéndose como un logro de un colectivo y no de un sujeto individual. El nivel de compromiso sería otro, ligado estrechamente al “otro”.

En este contexto el docente sería el facilitador de la información y el que les acercará el conocimientopara que los estudiantes se lo apropien y  lo internalicen.

Veo una de las tantas contradicciones que surgen en la escuela, se espera que los chicos se desempeñen en grupo pero al momento de evaluarlos “sálvese quien pueda”. Creo sincermente que lograríamos mejores resultados y con el plus de que ese estudiante seria mas compasivo y solidario (@marisacon).

Quizá en otros países el modelo educativo periclitado se sujetara a los dictados de la Revolución Industrial, que necesitaba obreros encadenados al trabajo en serie. En España, los historiadores de la educación saben que no es así: nuestro sistema estaba pensado para educar a funcionarios del Estado, además de alfabetizar e instruir en las cuatro reglas a una masa de subordinados.

Vivimos en un país que ha suspendido exámenes no planificados, los cuales consisten en la prueba de la realidad. Ya es hora de preparar a los niños y a los jóvenes a resolver ese grave problema, y todos los que se planteen, con una inteligencia múltiple, creativa y práctica.

Las rúbricas ayudan a que los aprendices sean más responsables de su proceso vital, en vez de otorgar a los examinadores el poder del César o del Gran Manager. Claro que niños preparados así pueden cuestionar, en un futuro, lo que sus jefes están haciendo mal, si se habitúan a conocer los objetivos de lo que hacen e inventar alternativas viables. Se llama pensamiento crítico (@joaquineku)

Ha sido una experiencia tremendamente enriquecedora para mí. ¡Gracias a todos y feliz comienzo de año!

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12 comentarios
  1. No me caben las gracias en este comentario 🙂 Un gran abrazo, es una suerte viajar juntos en dirección a otra educación en este país.

  2. Enhorabuena, Víctor. Es una suerte trabajar contigo y aprender a mejorar nuestra práctica docente. Mis mejores deseos para este nuevo año.

    • Muchas gracias Rosa! La suerte es mía por tener compañeros como tú! Feliz 2014!

      • Luis Rodríguez del Amo permalink

        Enhorabuena Víctor, como muchos docentes has llegado a la conclusión de que existe otro tipo de educación. Las pregunta a plantearse es: ¿Poseen los docentes dos vidas para poder realizar actividades novedosas, evaluar a todos los alumnos teniendo en cuenta todos los criterios de evaluación y estándares de aprendizaje, elaborar las rúbricas y rellenarlas con cada alumno, corregir, preparar clases, mantener el orden en clase, atender a la diversidad, hacer guardias de hora y de recreo, ir a los claustros, hacer cursos, estudiar oposiciones al mismo tiempo que trabajas para que no te echen a la calle si no apruebas, tener familia, hijos, vida en definitiva? Sobre el papel es fantástico, pero sinceramente en las condiciones en que trabajamos y con las exigencias que tenemos, es una utopía.

      • Gracias por el comentario Luis.
        Coincido contigo en el hecho de que cada día los docentes tenemos que hacer frente a un mayor número de trabajo y de responsabilidades que no siempre están relacionadas con nuestra labor docente. Los cambios metodológicos exigen que dediquemos mucho tiempo, sobre todo al principio, a recopilar material y adquirir hábitos de trabajo diferentes para el día a día. Cuando estos nuevos hábitos están interiorizados, te aseguro que no es más pesado de llevar que el trabajo al que estamos acostumbrados. Afortunadamente, actualmente contamos con muchos materiales ya creados que facilitan esa labor de cambio, así como con el ejemplo de profesores que se han lanzado a cambiar su modo de trabajar en el aula a pesar de las dificultades que atraviesa nuestro sistema educativo.
        Mucho ánimo compañero!!

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