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Los hábitos culturales de la población y el abandono escolar

mayo 28, 2016

Muchas veces se ha citado aquella frase de un funcionario surcoreano publicada en el Informe McKinsey de 2007 que identificaba el techo de la calidad de un sistema educativo con la calidad de sus docentes. Podríamos añadir a aquella sentencia que el umbral de la tasa de abandono escolar está muy en relación con el nivel sociocultural de las familias. La mejora del rendimiento académico del alumnado no solo es responsabilidad del profesorado, sino que el contexto socioeconómico y cultural que rodea al centro es un condicionante muy relevante al respecto. Sin ánimo de construir hipótesis de carácter sociológico fundamentadas o serias, me gustaría aportar algunos datos estadísticos que quizá pueden ilustrar el propósito de esta idea.

Según los datos publicados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte referentes al curso 2013-2014, la cifra del alumnado propuesto para la obtención del Graduado en ESO suponía una tasa bruta del 76,8% respecto al total de la población que tenía la edad teórica de finalizar dicho nivel educativo. En el caso del Bachillerato, el porcentaje de alumnos que finalizan 2º curso se sitúa en el 77%. Estos resultados muestran, por tanto, que alrededor de un 23% del alumnado en España no logra finalizar los estudios de Enseñanza Secundaria y Bachillerato.

A partir de la información contenida en la Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España 2014-2015 elaborada por el MECD, se afirma que las actividades culturales más frecuentes en términos anuales son escuchar música (87,2%), leer (62,2%) e ir al cine (54%). Estos resultados nos muestran que casi un 38% de la población española no lee y casi la mitad no va al cine. Los datos son todavía más desalentadores cuando se sigue profundizando en otras actividades: conciertos de música actual (24,5%), teatro (23,2%), conciertos de música clásica (8,6%), espectáculos de circo (7,7%), ballet o danza (7%), ópera (2,6%) o zarzuela (1,8%). De la población investigada, solo el 41,4% visita monumentos y un 16,6% yacimientos arqueológicos. La asistencia a museos, exposiciones y galerías de arte es practicada por el 39,4% de la población encuestada. Y solo el 25,6% de la población reconoce asistir anualmente a la biblioteca; o haber accedido virtualmente a ella. Si a estos datos sumamos otros de interés como que solo el 74,4% de los hogares españoles dispone de conexión a Internet y que el 74,8% de los hogares con al menos un miembro entre 16 y 74 años contaba con un ordenador personal, según las estimaciones del INE en 2014, podemos concluir que el peligro de la brecha digital también está presente en el panorama escolar de la realidad española. Una realidad tristemente aderezada con un 30,1% de pobreza infantil, que afecta a la población menor de 16 años en España. Se trata del segundo valor más alto de la Unión Europea, por detrás de Rumanía y por delante de países como Bulgaria y Grecia.

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Library. Imagen de Pixabay. Licencia CC0

Cuando se publican los datos de Informes PISA y se interpretan para juzgar la calidad del sistema educativo español, en el ámbito mediático frecuentemente se subrayan las diferencias entre las aulas finlandesas, la preparación de su profesorado, su currículo flexible y sus magníficos recursos, con las españolas. Pero parece que casi nadie se acuerda de comparar los datos de hábitos culturales que existen entre los países que mejores resultados obtienen en el panorama educativo internacional y el nuestro. Ni tampoco los datos de acceso a la sociedad de la información o de la pobreza infantil.

Las soluciones que desde el ámbito escolar se pueden proporcionar a este desafío no deberían pasar por la importación directa de modelos nórdicos altamente descontextualizados en el panorama español. Sino más bien por encontrar un modelo propio. Un modelo en el que los centros educativos están llamados a replantear su posición en el entorno en el que se encuentran. No solo practicando estrategias innovadoras y de cambio metodológico en el aula, sino de dinamización cultural de unos entornos sociales que presentan datos preocupantes desde el punto de vista económico, tecnológico e intelectual. Experiencias como la celebración de tertulias literarias, dinamización de la biblioteca escolar, organización de exposiciones artísticas y representaciones teatrales, proyecciones de cine, aulas de informática abiertas en horario no lectivo y proyectos de integración social y aprendizaje servicio, son algunos de los retos que los centros escolares tendrán que asumir para encontrar la verdadera esencia de un modelo educativo español de éxito para el siglo XXI, centrado en la mejora del rendimiento académico del alumnado y en la inclusión social.

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